De ella baja un individuo corpulento. Se dirige hacia Anabel como
si fuera a preguntarle una dirección, pero de repente la empuja a la
trasera del vehículo, donde consigue introducirla luego de un forcejeo
(Anabel es de complexión atlética). En la disputa la joven perderá la
parte superior del chándal y el walkman.
Emilio Muñoz Wadix, transportista de 28 años, casado, con cuatro
hijos, es el hombre que ha secuestrado a Anabel. Son las tres menos diez
de la tarde. Al volante de la furgoneta que rueda hacia la carretera de
Burgos va Cándido Ortiz Aón, el Candi, fontanero de 35 años,
casado y con dos hijos. Si no hubieran participado en este delito
innoble, se diría que son dos personas completamente normales. Emilio es
el "cerebro" del "golpe"; el Candi, un hombre con escasa voluntad y ademanes educados que se deja arrastrar en calidad de compinche.
En la parte de atrás de la furgoneta, Emilio sujeta y violenta a
Anabel para obtener información sobre los bienes de la familia de ésta.
Ha prometido a el Candi que aquello será coser y cantar: de
inmediato cobrarán un suculento rescate, con el que podrán olvidarse
para siempre de sus problemas económicos. Piensa que incluso pueden
cobrar la extorsión ese mismo lunes.
Mientras Emilio sonsaca a la chica, el Candi inicia un
periplo que durará seis horas por las carreteras de las provincias de
Madrid, Ávila, Segovia y Toledo. Anabel trata de averiguar las
intenciones de sus captores, y les suministra sólo la parte de
información que le conviene. Les dice que sus padres tienen dinero, pero
que no están en Madrid; además, acaban de pagar el chalet, por lo que a
lo peor no pueden reunir la cantidad que piensan pedir.
Tras pasar por San Agustín de Guadalix, se dirigen a Ávila; allí
giran varias veces, recorriendo arriba y abajo la ciudad. Realmente no
saben qué hacer. Su sueño de obtener dinero rápido se esfuma, la tarde
se acaba y no tienen dónde esconder a Anabel. Finalmente se dirigen a la
zona en que viven, en el norte de la provincia de Toledo. Por el camino
de San Martín de Valdeiglesias desembocan en Numancia de la Sagra,
donde había una fábrica de cerámica por entonces abandonada.
Los acontecimientos se precipitan. Emlio y el Candi bajan de
la furgoneta a Anabel, que lleva la chaqueta del primero porque hace
rato que tiene frío. Es entonces cuando intenta escapar por segunda vez,
por lo que la atan de pies y manos y la meten en una de las
dependencias abandonadas. Discuten qué hacer, y Emilio, exasperado, toma
como siempre la iniciativa.
Según contarían a la policía, en "un arrebato" estrangularon a la muchacha. El Candi
afirma que fue Emilio quien lo hizo, cogiéndola por detrás y
asfixiándola con el brazo; éste, por el contrario, declara que lo
hicieron entre los dos, con una cuerda. Es una escena criminal rápida,
que ambos ejecutan exasperados y exhaustos. Por primera vez el Candi
está decididamente en contra de lo que han hecho, pero eso no le impide
ayudar a Emilio hasta deshacerse del cadáver, que arrojan a una fosa
situada entre el transformador y el viejo depósito de fuel de la
fábrica.
Luego, como si regresaran de una jornada normal, Emilio llevó a el Candi
hasta Escalona, un pueblo no muy alejado, y después regresó a su hogar,
un chalé adosado de Pantoja, a dos kilómetros de donde habían
abandonado el cuerpo de Anabel. Se sentó a cenar con su esposa y sus
cuatro hijos como si tal cosa.
La mujer, Felisa García Campuzano, de 35 años, que atendía una
churrería instalada en el garaje de la vivienda, notó algo raro porque
su marido llegó con las botas manchadas de barro y con cabellos rubios
en la ropa. En un principio no logró saber nada, pero finalmente Emilio
le confesaría el crimen y la convenció para intentar sacar dinero a la
familia de Anabel.
El padre de Anabel, José Segura, natural de El Centenillo –un
pueblo de Sierra Morena–, que emigró a Alemania –donde se casó con
Sigrid Follers– y regresó a España como presidente y director general de
Lurgi –una empresa petroquímica–, desde el primer momento quiso
facilitar el rescate. Él y su mujer dieron muestras de una entereza
fuera de lo común durante los 900 días que duró lo que todos quieren
creer es el secuestro más largo de la historia de España hasta que se
revela un crimen cobarde cometido el mismo día en que desapareció la
muchacha.
La policía "pincha" los teléfonos de la residencia de los Segura y
registra todas las llamadas. La familia, por su parte, nombra portavoz
al ex presidente de la Junta de Andalucía Rafael Escuredo. A finales de
abril, después de múltiples pesquisas, y pese a que tienen un testigo
del secuestro –Antonio, el jardinero del colegio frente al cual se
inició el drama–, los policías reconocen que están dando palos de ciego.
Poco más tarde trasciende que el padre tiene preparado el dinero
exigido como rescate.
A esas alturas hay dos grupos de delincuentes que se adjudican el
secuestro: unos son los auténticos criminales; los otros, unos
aprovechados que quieren sacar tajada. El 6 de agosto Escuredo ha
hablado ya diez veces con los secuestradores y establecido tres citas
para la entrega del rescate. Pero los criminales no se presentan. En la
segunda de esas ocasiones unos empleados del servicio de limpieza de
carreteras encontraron la bolsa con los 150 millones dejada por Escuredo
a unos kilómetros de la localidad de Tarancón (Cuenca). A los pocos
minutos de recogerla del suelo se vieron rodeados de coches de policía.
Cinco meses después del secuestro las Fuerzas de Seguridad barajan
abiertamente la posibilidad de que Anabel haya sido asesinada. El
angustioso trance de la familia se alarga en el tiempo, sin que parezca
que vaya a tener solución. Se recurre a la colaboración ciudadana: el 20
de enero de 1994 se difunde la cinta con la supuesta voz de la joven y
se ofrece 15 millones de recompensa a quien disponga de algún dato
fiable. Posteriormente el monto se elevará hasta los 60 millones, la
mitad de ellos por cuenta de la familia.
Pero esta estrategia no dará resultado hasta que no se implique en ella el programa de TVE ¿Quién sabe dónde...?
Entre el aluvión de llamadas recibidas se cuenta la de una persona que
dice reconocer a uno de los criminales y da suficientes pistas para que
sea localizado. La policía inicia un cerco telefónico y graba las
conversaciones de los implicados. Quiere asegurarse de que, cuando se
decida a cogerlos, tendrá suficientes pruebas para inculparlos.
Por fin, el 28 de septiembre de 1995 se detiene a Emilio, el Candi
y Felisa, que confiesan enseguida y colaboran para localizar el cuerpo
en la vieja fábrica de Numancia de la Sagra. El cadáver de Anabel es
extraído de entre las ruinas con una pala excavadora. El tiempo
transcurrido y el estado de los restos impide establecer mediante
autopsia si fue violada antes de su asesinato.
En una insólita muestra de solidaridad, los tres municipios que
involuntariamente fueron escenario del crimen: Numancia de la Sagra,
Pantoja y Alcobendas, tras multitudinarias manifestaciones de dolor
prometen dedicar una calle a Anabel.
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